viernes, 27 de agosto de 2010
jueves, 15 de julio de 2010
miércoles, 14 de julio de 2010
CaminitoDesde que se fue triste vivo yo, caminito amigo, yo también me voy. Desde que se fue nunca mas volvió, seguiré sus pasos, caminito, adiós.
martes, 13 de julio de 2010
domingo, 11 de julio de 2010
Con aires de tango
domingo, 6 de junio de 2010
El Reencuentro

“... amores que matan, nunca mueren”
Joaquín Sabina
No pudo descansar en toda la noche, escuchó cada sonido de la ciudad, sirenas, gritos de hombres que volvían de una juerga, frenadas de autos que corrían osadamente. De repente los pájaros y sus trinos anunciaron la llegada del nuevo día. Un rayo de luz entró por la ventana y dibujó sobre la pared formas extrañas, a las que ella estaba acostumbrada. Disfrutaba imaginando personas o situaciones en esa proyección de claridad. Tal vez ella, tal vez él, quizá ambos amándose nuevamente.
Irguió su cuerpo para liberarlo de las garras de su lecho, envolvió su humanidad desnuda en una bata tan suave como las manos de quien alguna vez recorrió cada milímetro de su piel, cada lugar más recóndito, esos sitios a los que arriban solamente los verdaderos arquitectos del amor.
Caminó, se detuvo frente al espejo, un río de incertidumbre corría por sus venas, dejó caer la bata, y durante unos minutos, quien sabe cuantos, admiró su figura. Sus pechos turgentes, su afinada cintura daba paso a voluptuosas caderas, que remataban en dos preciosas piernas, largas refinadas, cuya piel poseía la textura del terciopelo.
Se dirigió al baño, sólo pensaba en el encuentro que estaba a punto de hacerse realidad. Llenó la bañera con agua tibia, introdujo aceites y espumas especiales para que su cuerpo derramara a su paso el aroma de la feminidad.
Estuvo allí como envuelta en un sueño un largo tiempo, fabulaba con aquel encuentro, estaba segura que era lo que deseaba desde la última vez que lo vio, su corazón se le escapaba del pecho de solo pensar que poco tiempo y distancia la separaban de él .
Salió del agua, untó su cuerpo con cremas especiales, seleccionó la mejor lencería, de encaje blanco, con ligueros, un precioso vestido negro, con detalles de piedras bordadas, que dibujaba su cuerpo como el de una sirena. Calzó sus pies en zapatos altos, de tacos elegantes, recogió su cabello, colocó en su cuello un camafeo que alguna vez recibiera como regalo de aniversario de su amado, con el que por fin volvería a encontrarse.
Maquilló suavemente su piel, esa piel que añoraba caricias, que latía al ritmo de recuerdos de noches de pasión, de amaneceres lascivos, de verdaderas festividades de los cuerpos.
Tomó su cartera, introdujo en ella un paquete, tal vez un regalo, dejó sobre el mueble de la entrada un sobre sin ningún destinatario, se perfumó y por fin salió a la calle.
Mientras caminaba hacia el lugar la cita, su mente transmitía imágenes del pasado, los veranos en la playa, los sueños de una familia, los secretos de una pasión desenfrenada, la infidelidad, el volver a perdonar, a creer, el sufrimiento, la traición.
Llegó al lugar, él ya estaba esperándola, se sentó con el donaire de una verdadera dama. Comenzó a hablar en voz alta, sin permitir que él responda, le reprochó su infidelidad, le recriminó la consecuencia de la misma, lo insultó. Él solo le devolvía silencio. Ella entre lágrimas le confesó que sintió morirse cuando se enteró que él se había enfermado de SIDA, que no pudo perdonarlo, que sentía un que odio insoportable se apoderó de su ser, por ese motivo le dijo adiós dejándolo solo, pero que nunca había podido olvidarlo. Le pedía explicaciones, le confesaba que sintió que su valor como mujer y amante se había destruido al enterarse que buscó en otras mujeres cosas que ella nunca le había negado y que habían disfrutado juntos, con esa complicidad que los hacía ajenos al mundo de los humanos.
Con sus manos temblorosas, abrió su cartera y sacó el paquete, mirándolo le dijo, hoy es nuestro aniversario, esté es mi regalo, abrió su boca y luego el silencio.
Días después el cuidador del cementerio, encontró a una extraña dama, abrazada a la tumba de su esposo, muerta por envenenamiento. En la casa, alguien abrió la carta, en ella se leía que el contagio de sida se había producido por una transfusión de sangre.
Ella lo sabía, no pudo soportar su desentendimiento, pero ahora en su rostro, se adivinaba un estado de paz, y en sus manos apretaba una foto de una boda feliz.
Juntos recorrieron la eternidad, y en la lápida una frase escrita quien sabe por que manos resumiendo la historia “amores que matan nunca mueren”
1) “amores que matan nunca mueren” Joaquín Sabina
Autora: Valeria Vergara
lunes, 31 de mayo de 2010
Ardid de vida

Cuando el reloj marcó las 6 de la mañana, toda la familia se despertó. Entusiastas, preparados desde hace muchos días para poder vivir estas ansiadas vacaciones. Conocer el Glaciar Perito Moreno era un sueño que estaba a punto de hacerse realidad.
Cargaron el auto con el equipaje, varias maletas considerando que era otoño y en el sur del país las temperaturas son muy bajas, ellos no dejarían nada librado al azar.
Felices, ansiosos, tomaron una de las rutas que marcaría el rumbo hacia su destino. La mañana estaba cargada con una niebla espesa, al igual que la ruta atestada de vehículos.
Rafaél, padre de familia y conductor del vehículo, iba muy atento a los cambios del tránsito y a cada situación que demandara todo su esmero.
Habían recorrido unos 120 kilómetros, cuando de la nada, una apocalíptica maniobra permitió que diez autos quedaran reducidos a un tren macabro de hierros retorcidos y gritos que se esparcían dolorosamente por aquel escenario Dantesco. Y de repente un silencio ensordecedor, presagiando la muerte.
Hacía meses que se veían, en la sala del hospital, a la espera de una noticia. Eran cinco mujeres, unidas por el dolor, por la esperanza, por el deseo de que un milagro cayera sobre sus vidas, como caen los frutos cuando están maduros. Se conocían demasiado, sus pesares, sus momentos felices, la llegada de sus hijos a este mundo, esos hijos que estaban conectados a aparatos torturantes, a la espera de un órgano, a la espera de la solidaridad que se desprende de la tragedia de otros seres humanos.
Cinco mujeres, fuertes como robles, inquebrantables, unidas por el destino, por una trama de mala suerte, o tal vez por una prueba que les ponía en el camino la vida.
Se sostenían mutuamente, el lazo que las unía tenía la apariencia de una red invencible, de un entramado de vigor, el bastión que solo empuña la maternidad.
¿Cuántos meses más pasarían? Todos los jóvenes se encontraban en emergencia nacional, estaban en igualdad de condiciones, sólo la fortuna tocaría con la varita mágica a quién sería el primero en salir de esa agonía interminable.
Las sirenas de los carros de bomberos, de las ambulancias iluminaban el escenario más pavoroso que se pudiera fabular. Pedidos de auxilio, gemidos, silencios ensordecedores, formaban parte de la escenografía de aquella fatal mañana.
En el auto Rafael yacía muerto sobre el volante, a su lado su esposa lanzaba el último suspiro , en la parte de atrás sus tres hijos, estaban aún con vida, el más pequeño lloraba desconsoladamente, cuando una enfermera lo alzó en sus brazos tratando de calmarlo.
Cargaron a los dos jóvenes que aún continuaban respirando en sendas ambulancias y el pequeño quedó bajo la protección de aquella enfermera anónima que amorosamente lo mecía.
La policía buscó datos entre los papeles de la guantera del vehículo, y así pudieron saber que se trataba de una familia oriunda de la ciudad de Córdoba. Inmediatamente se pusieron en comunicación con el hermano de Rafael, quien viajó para realizar los trámites, junto a su hermana. Ella se dirigió al hospital, dónde en sala de terapia luchaban por sus vida, los dos sobrinos de ella, de 16 y 18 años, de edad. Jóvenes hermosos, buenos estudiantes y amantes del tenis.
A las cinco mujeres, esa mañana se le agregó una más, que lloraba consternada, que no podía frenar la angustia que se desprendía de cada milímetro de su ser. Una de las mujeres se le acercó, simplemente le introdujo en el hueco de su mano la imagen de un santo, y sin decir palabras se alejó de ella.
En ese momento, un médico llamó a la señora que tenía en sus manos la estampita y le comunicó que ambos jóvenes estaban con muerte cerebral, y luego formuló la pregunta, directa sin rodeos, ¿tienen pensado donar los órganos?
Sara comenzó a temblar, su cuerpo perdía la poca entereza que le quedaba, apretó con fuerza la imagen de aquel Santo, y pensó en su hermano muerto, en esa familia destruida, en la fragilidad del ser humano.
Llamó a su hermano, y juntos determinaron que donarían los órganos, en un acto de amor y de recuerdo hacia lo que fueron en vida.
Las cinco mujeres, presenciaron ese momento, sin decir palabras. Sentían en su alma una mezcla de sentimientos contradictorios. Por un lado la realidad las enfrentaba al final de todos los finales de una hermosa familia, por el otro a un recomenzar en la vida de sus hijos, a una nueva oportunidad.
Como un imán que atrae a los metales, sin siquiera pensarlo, se encontraron abrazadas las 6 mujeres, entre lazos de lágrimas, de sueños, de singulares agradecimientos, en una red tejida, con hilos de destino.
Valeria
domingo, 9 de mayo de 2010
lunes, 26 de abril de 2010
Lo tangible
Plenilunio de amor, llenas mis ansias. Motivo de mirarte a la distancia. Me envuelves con tu luz, desnudas mi alma, atraviesas mi ser, obscenamente, me insitas al placer groseramente. Ferviente palpitar, liberas mis pecados, me sueltas a la vida, inundas el espacio.
Plenilunio bendito, desciende por mi cuerpo, atrapa mis gemidos, estremece mis venas, osado resplandor, húrtame mis suspiros, saquea mi inocencia, dispárame Cupido. Atrapa mis sentidos, róbame el aire inquieto, asfíxiame en tu amor, desmáyame de goce, que tiemblen mis caderas, que mis brazos se abran, al volar de los vientos, de pasión y de anhelos, de tristeza y consuelo.
Deséame eternamente, quita mi vida entera, libérame el instinto de mujer, de guerrera. Pídeme lo imposible, atrapa mi existencia, llévame allá tan lejos, sácame la decencia. Arrópame en tus besos, con caricias que duelan, en palabras que quemen, con gemidos que teman, llévame para siempre, no quiero en esta tierra pasiones intangibles, solo quiero tu esencia, bálsamo que al curarme, regrese en tu presencia.
poema: valeria vergara
foto: valeria vergara
martes, 20 de abril de 2010
Hay una mujer

Hay una mujer que viste un cuerpo, vacío por dentro. Una vida simple, mediocre aburrida. Hay una mujer que no espera que un día por las calles los ojos de algún hombre la dejen desvestida. Esa mujer se apaga, derrumba su mirada, agota sus sudores, olvida los sabores, enmudece, oscurece hasta caer rendida.
Hay una mujer que un día despierta, se quita la ropa, se mira al espejo, camina hacia las aguas de placeres mundanos, que no mira hacia atrás, que se anima a la vida. Que no piensa en resultados, que entierra las recetas, que no negocia más, que se enfrenta a si misma.
Hay una mujer distinta, singular, atrevida, alocada, voraz con ansias de comerse de a mordiscos la vida. Hay una mujer errante, que goza de la brevedad de los minutos, de la sensualidad de los segundos. Hay una mujer que se siente mirada, deseada, añorada, que a volar ya se atreve.
Hay además una mujer salpicada por las altas mareas que revientan contra los farallones, pero hoy no es el día, en que permitirá que el dolor apague sus faroles. Mañana tal vez mañana será el día.
En que rendida a la realidad, caiga vencida.
sábado, 20 de marzo de 2010
Una historia...la tuya... la mía
Un día cualquiera, de un año cualquiera, sucedió lo que voy a contar. Puede parecer que sólo narraré ficción, sólo puede parecer.
Cuando abrió los ojos, le sangraba la frente, se encontrada sumergida hasta la cintura en una mezcla de agua olorosa y deshechos orgánicos e inorgánicos. Todo era oscuridad, al mirar hacia arriba advirtió que un rayo de luz se metía inescrupulosamente en ese aposento de terror. Se sintió débil, el olor le cortaba la respiración, quiso gritar y nadie escuchó su voz, estaba demasiado sola.
No recordaba como había llegado hasta ahí, sólo supo que sus últimas palabras fueron: “Tengo derecho a decir no, a elegir mi camino”.
Trató de hacer memoria, y no pudo recordar nada. Dejó de pensar en ello, ahora tenía que utilizar toda su energía para salir de ese sitio tan profundo, oscuro y habitado por alimañas.
Miró sus manos, sucias y lastimadas, sus uñas llenas de barro, demostraban que en algún momento de su caída trató de defenderse, pero quién la arrojó allí seguramente fue mas fuerte que ella. Pensó en la posibilidad del ser humano de poder utilizar la fuerza de la palabra, y en aquellos que al no encontrar palabras utilizan la fuerza más primitiva, la de la violencia, violencia disfrazada de muchas formas.
Otra vez se alejaba de su meta, que era en ese momento sobrevivir, empezó a sentir que el piso lodoso que la sostenía se movía, sus pies se enterraban cada vez más. Una angustia opresiva la invadió, trató de tomarse de las paredes y éstas tampoco eran sólidas, caían a pedazos haciendo un terrible ruido a muerte sobre el fango que ya le llegaba al pecho.
En su mente recordaba sus últimas palabras... “tengo derecho...” y ahora estaba perdiendo el más importante de todos, el derecho a la vida, sintió que su agonía sería terrible, volvió a gritar, pero su garganta se cerraba caprichosamente.
Entró como en un ensueño, mientras se tomo de un pedazo de hierro que en su momento seguramente hizo de escalón de aquel pozo mortal. Y comenzó a recorrer sus últimos días, cada momento, cada despertar, cada rayo de sol que molestó a sus ojos perezosos, su café de la mañana, su llegada al trabajo, el trabajo... ese lugar que ella había elegido para realizarse, y que de a poco se fue convirtiendo en su propia cárcel, una cárcel algo encubierta, cuyos barrotes no eran de hierro, eran de silencios, eran de desacuerdos, eran de personas viviendo en islas propias, eran de personas que manipulan, eran barrotes de desvalorizaciones, eran cerraduras de deseos de superación.
Y fue justo en ese instante, cuando recordó todo, ella se animó a decir NO, a decir su verdad, a posicionarse en el lugar que le corresponde, a esperar que alguien le explique el porque de sus actitudes, a que alguien le guíe su labor, y le retribuya al menos con un gracias, todo aquello que ella daba a cambio de nada.
Y dijo no, y un fuerte grito junto a un rosario de reproches, la expulsó de la habitación, voló por los aires de esta humanidad con valores destruidos y cayó en el pozo, llamado mediocridad, y pensó, ¿es aquí el lugar dónde se está bien en estos tiempos?
Es aquí, un lugar donde aunque se huela mal, dónde se sienta que el piso no nos sostiene, dónde los desechos son las personas que ya cansadas de luchar por sus principios se conforman y forman parte del lodo, es el lugar oscuro, dónde entra poca luz para que no se vean las cosas, es el lugar dónde caen los que dicen no, los que luchan por sus derechos.
Pero se negó a pertenecer a ese sitio, dijo nuevamente NO..... y se despertó, era un sueño, en su boca como un susurro lleno de verdad se escuchó decir...”tengo derecho a decir no, a elegir mi camino”
Antes de caer al pozo, o de dejar que el pozo te trague, anímate a decir NO
domingo, 7 de marzo de 2010
Ser Mujer
Ser mujer, un designio de la naturaleza, que fortuitamente determinó en el momento justo que dos X se juntaran... allí termina la historia y justamente allí comienza.
Ser mujer, en un mundo distinto al que vivieron nuestras abuelas, o más aún al que vivieron mujeres anteriores a ellas.
Ser mujer hoy, es complicado pero no imposible. Novias, esposas, madres, profesionales, tías, abuelas, madrinas, hijas, amigas, podemos eso y mucho más. Nada de sexo débil, creo que somos el sexo fuerte, por esas madres que luchan, por esas mujeres que llevan solas hogares adelante, por esas mujeres que son profesionales y dan la vida en su trabajo, para luego volver a casa y cambiar pañales, barrer pisos, ayudar a hacer tareas a sus hijos, ser buenas cocineras y luego amar a su compañero de la vida.
Ser mujeres, hacer un ritual cada vez que salimos a la calle, ver que todo esté en orden, el cabello, las uñas, la ropa, los zapatos, tener todo listo en al cartera, esa cartera que es una caja de Pandora, dónde nunca está lo que buscamos al alcance de la mano, lo que origina una guerra entre la mano y cada objeto que habita ese lugar tan privado.
Ser mujeres, muchas veces discriminadas, otras discriminadoras... ganamos un sitio en la sociedad, vivimos la lucha eterna entre la vida cotidiana y los logros personales, tenemos que ser hábiles para que la balanza se mantenga, porque no podemos darnos el gusto de descuidar lo que tanto luchamos por tener....
Ser mujer, amar, llorar, reír, gozar, disfrutar, gritar, insultar, parir, sufrir, madurar, caminar, luchar.... ser mujer, y hacerle honor a nuestra condición....
Hoy me declaro en libertad.... andaré descalza pisando el frío del suelo, dejaré mis cabellos alborotados, no me importará si la ropa me queda bien, comeré helado hasta hartarme, cantaré aunque mi voz atente contra todo vidrio sano, abriré mis alas, saludaré a la vida, me miraré las marcas que dejaron en mi los embarazos y me sentiré plena, recordaré ese primer llanto, esa primera vez que me dijeron te amo, que me dijeron mamá, que me dijeron me gustas, que me dijeron que bonita sos, que me felicitaron por mi actuación en el trabajo, recordaré algún piropo callejero de esos que hacen soltar una sonrisa, miraré fotos, recordaré con amor mi pasado...
Hoy estoy de fiesta, porque hoy estoy orgullosa de ser quien soy....
sábado, 6 de marzo de 2010
miércoles, 3 de marzo de 2010
Este mundo

Muchas veces me pregunto si este mundo me pertenece. ¿Acaso soy yo la que equivoca el modo de vivir? Lo que considero mi responsabilidad y parte del control de causa y efecto de mis actos, para otros son simplemente “obligaciones ajenas”.
Así transcurre la vida, dónde veo que muchos caminan la dirección que no camino, y me sigo preguntando si será que equivoqué el rumbo, si caminar a la inversa del resto no es un paso directo a la soledad y el aislamiento.
Muchas veces no puedo frenar lo que pienso, me siento hipócrita cuando no puedo decir lo que en mi despiertan ciertas actitudes, no me reo dueña de la verdad, pero si defensora de mi verdad, una verdad dúctil, que puede transformarse al leer actitudes y más aún cuando tengo la posibilidad de poder ver in-situ el desarrollo de las actitudes.
No puedo negar que sufro, que siento que no pertenezco a esta vida, que hay cosas que superan mi entendimiento, mi formación, que quiero salir corriendo cuando veo que decir lo que pienso genera en los demás un tsumani de reproches, insultos, egoísmos.
Me pregunto,¿en que mundo desarrolle mi personalidad? ¿Acaso no es el mismo mundo de mis contemporáneos?
Cual es la impronta que marca la forma de ver la vida, quien es aquel que nos vende los anteojos a medida que sucede la vida, para que cada uno alcance a ver la vida en un color determinado.
Se muy bien que somos seres únicos e irrepetibles, que la vida sería muy aburrida si todos funcionáramos iguales, que en la diversidad está la riqueza de las relaciones humanas, pero apuesto a una diversidad que enriquezca, que nutra, que me haga despertar cosas que tal vez dormían en mi, esa diversidad que lleva a sentir placer al compartir lugares comunes, a maravillarme por lo que aún tengo que aprender, a una mirada positiva, con aires positivos.
Yo se bien que sueño una utopía, pero deseo un mundo dónde cada uno, se haga responsable de sus actos, que es la manera mas humana que poseemos de agradecer el ejercicio de la libertad. Podemos equivocarnos una y mil veces, pero somos unos necios cuando no reconocemos esas equivocaciones, cuando buscamos en el afuera la causa de nuestros fracasos, cuando no somos lo suficientemente maduros de tomar el timón de nuestras vidas, de elegir mares que nos hagan sentir vivos, de tener la posibilidad de desviarnos de aquellos mares turbios, inquietos, calcitrantes.
Sueño un mundo que está muy lejos, y sufro este mundo del que más de una vez deseo bajar
martes, 23 de febrero de 2010
Tiempo

Hace un tiempo que ya me sobra tiempo
últimamente no encuentro el rumbo
la guía a mi camino
a mis ansias muertas, a mi estereotipo
Me siento títere
marioneta de los días
¿quién maneja mis hilos?
¿de que habla mi vida?
Sortilegio, confusión,
premura, insolencia de horas
infortunio de minutos
osadía de segundos
Carrera hacia la nada
horas muertas
corazón que bombea
vacío de metas
Estrella, camino, punto de partida
hora de llegada
llegada a la nada.
Causa y efecto
Espacio verdadero
para mi vida plena
tiempo que no se apure
causa que no sea eterna
Sonrisas verdaderas
mentiras sospechadas
amor a la deriva
liberación del alma
Temores que naufraguan
miedos que no se animan
pestañas que agonizan
labios que no te extrañan
Simpleza en lo simple
complicación ¡ Ya basta!
palabras como vientos
amor hecho en la nada.
Hecho en la nada y fuerte
trepando en las murallas
de tu vida y la mía
de mi alma y tu alma.










